Infartos, una enfermedad mortal que hay que prevenir

Infartos, una enfermedad mortal que hay que prevenir

Infartos, una enfermedad mortal que hay que prevenir

Millones de hombres y mujeres de todo el mundo sufren cada año un ataque cardíaco o infarto del miocardio. Es imperativo tratar de inmediato los síntomas del infarto siempre que sea posible.

Muchos sobreviven con pocas secuelas, otros mueren, y hay quienes quedan con el corazón tan afectado que es dudoso que puedan reemprender actividades útiles.

El corazón es un órgano muscular que bombea la sangre a todo el organismo. Lo que sucede en un infarto del miocardio es que parte del músculo cardíaco deja de recibir sangre y, por consiguiente, el tejido muere. Para mantenerse sano, el corazón precisa el oxígeno y los nutrientes que la sangre transporta; estos le llegan a través de las arterias coronarias, vasos que rodean por completo dicho órgano.

El peligro de infarto aumenta con la edad, el 55% de los ataques cardíacos corresponden a personas mayores de 65 años, y el 80% de las víctimas mortales tienen más de 65 años.

Los hombres menores de 50 años corren más riesgo que las mujeres de su misma edad. En el caso de la mujer el peligro aumenta después de la menopausia, pues la cantidad de estrógenos (hormona que protege de las enfermedades cardíacas) disminuye drásticamente. Según ciertas estimaciones, el tratamiento con estrógenos puede reducir en un 40% o más el riesgo de cardiopatías, pero existe la posibilidad de que incremente el peligro de desarrollar ciertos tipos de cáncer.

La herencia también desempeña un papel importante. Los hijos de personas que sufrieron un infarto antes de los 50 años, o incluso después de esa edad, tienen mayor riesgo. Cuando ha habido casos de problemas cardíacos en la familia, existen más probabilidades de que los hijos desarrollen problemas similares.

Las personas de vida sedentaria tienen más riesgo de infarto ya que pasan la mayor parte del día sin moverse apenas y no hacen ejercicio con regularidad, el riesgo es menor entre los que hacen ejercicio regularmente. Caminar durante veinte o treinta minutos a paso ligero tres o cuatro veces a la semana reduce el riesgo de infarto. El ejercicio regular mejora la capacidad de bombeo del corazón y ayuda a perder peso, hace descender los niveles de colesterol y disminuye la presión sanguínea.

El tabaco influye mucho en el desarrollo de la enfermedad coronaria. Fumar cigarrillos aumenta la presión arterial e introduce en la corriente sanguínea sustancias químicas tóxicas, como la nicotina y el monóxido de carbono. Estas sustancias, a su vez, dañan las arterias. Los fumadores también ponen en peligro a las personas que respiran el humo de sus cigarrillos.

Al estar bajo mucho estrés emocional o mental, los enfermos coronarios corren mucho más peligro de infarto y de muerte súbita cardíaca que las personas que tienen las arterias sanas. El estrés puede hacer que las arterias cargadas de placa se constriñan, llegando a reducir el flujo sanguíneo hasta en un 27%. Es posible que el estrés intenso propicie la ruptura de las placas en las paredes arteriales y provoque un infarto.

¿Cómo se puede reducir el riesgo de infarto?

Controlando la hipertensión, diabetes y exceso de peso, al igual que el colesterol. Es necesario hacer deporte, cuidar la dieta, consumiendo alimentos bajos en colesterol y grasas saturadas. No consumir tabaco, ni drogas y reducir el nivel de estrés emocional o mental.


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Fecha de publicación: Viernes, 20 Junio 2008

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